¡Oh padres, despierten!

Elfie Tovstiga

Pillars in a Hallway

¡Oh padres, despierten!

Alguien está corrompiendo a sus hijos

Hna. Edel Neufeld

 

Aunque Estados Unidos gasta más dinero por estudiante que cualquier otro país, el dinero no ha logrado producir una nación académicamente avanzada. PISA (programa internacional de evaluación del alumno), uno de los exámenes transnacionales más importantes, evaluó los niveles académicos de jóvenes de 15 años en muchos diferentes países en el 2015. De los 71 países, EE.UU. obtuvo el vergonzoso lugar número 38. La Evaluación Nacional de Progreso Educativo encontró que sólo un tercio de los graduados de la escuela preparatoria en EE.UU. están preparados para cursos de nivel universitario. El presidente del Centro Nacional de Educación y Economía dijo: “Estados Unidos no puede operar una economía de clase mundial si los trabajadores son, como muestran las estadísticas de la OECD, entre los peor educados del mundo”.

Si las escuelas públicas, con todos sus fondos, no han tenido éxito en la producción de niños que puedan hábilmente leer, escribir y resolver problemas matemáticos, ¿qué es lo que las escuelas públicas han enseñado con éxito a los niños? La respuesta es, al parecer, las ideas humanistas. Como William Bowen ha dicho, “no se necesita mucho tiempo ni dinero para educar a los niños. Sí se requiere mucho tiempo y dinero para adoctrinar y modificar sus valores”.

El humanismo, en esencia, es la creencia que el hombre puede ser feliz, realizado y capaz de resolver los problemas de la humanidad por sí mismo, sin la necesidad de religión ni Dios. Es una filosofía que reemplaza a Dios con el hombre; una religión cuya deidad es el individuo. Tú decides qué está bien y qué está mal para ti en tu propio conjunto de circunstancias–no hay verdad absoluta ni moral absoluta. Tú eliges dónde perteneces en el espectro de género. Tú tienes el poder en ti mismo para ser feliz y satisfecho. Tú eres quien controla tu propia vida. No es necesario tener fe en Dios; sólo cree en ti mismo.

El objetivo de utilizar el sistema de la escuela pública como una forma de adoctrinar a nuestros niños ha existido por un largo tiempo. Atrás en el siglo IX, hombres como Robert Owen y Horace Mann vieron las escuelas públicas como medios para hacer precisamente eso. Mann creía que los niños pertenecen al estado y, por lo tanto, deberían ser educados por el estado. Entre otros, estos hombres formaron una sociedad secreta que promovió la educación pública. Orestes A. Brownson (1803-1876), un líder de esta sociedad, dijo: “El gran objetivo era deshacerse del cristianismo y convertir nuestras iglesias en salas de ciencia. El plan no era hacer ataques abiertos contra la religión … sino establecer un sistema de escuelas estatales … del cual se excluyera la religión, donde no se enseñaría nada aparte del conocimiento que los sentidos puedan verificar y cuya ley obligara a todos los padres a enviar a sus niños a esas escuelas…”

Más tarde en 1930, C. F. Potter escribió Humanism, A New Religion, (Humanismo, una nueva religión) en el cual dijo: “La educación es, por lo tanto, un poderoso aliado del humanismo y cada escuela pública estadounidense es una escuela de humanismo. ¿Qué pueden hacer las escuelas dominicales teístas, reunión de una hora una vez a la semana y enseñando a sólo una fracción de los niños, para detener la marea de un programa de cinco días de enseñanza humanista?

Cincuenta y tres años después, en 1983, John Dunphy escribió una composición galardonada. Escribió: “Estoy convencido de que la batalla por el futuro de la humanidad debe ser proseguida y ganada en el aula de la escuela pública por maestros que perciben correctamente su papel como proselitistas de una nueva fe…estos maestros deben encarnar la misma dedicación abnegada como los predicadores fundamentalistas más rabiosos, porque serán ministros de otro tipo, utilizando el aula en lugar de un púlpito para transmitir valores humanistas en cualquier tema que enseñen… El aula debe ser y será un campo de conflicto entre lo viejo y lo nuevo, el cadáver podrido del cristianismo, junto con todos sus males adyacentes y miseria, y la nueva fe del humanismo, resplandeciente en su promesa de un mundo en el cual el ideal cristiano nunca realizado de ‘ama a tu prójimo’ finalmente se logrará.

¡Qué plan maestro más diabólico! Establecer escuelas donde los niños por ley se ven obligados a asistir, a menudo desde los 4 años en el kinder y hasta que se convierten en adultos legales y pueden dejar el cuidado parental. Dejar que las escuelas sean financiadas por el gobierno, por supuesto. Después de todo, si los padres pagaran por la educación de sus hijos, se sentirían con derecho a opinar sobre lo que sus hijos están aprendiendo y las actividades en las que participan. Luchar duro para eliminar la mayor participación posible de los padres; recientemente llegando al extremo de no permitir que los padres sepan en qué clases o actividades está participando su hijo y negando a los padres su derecho de sacar a su hijo de dichas actividades. En su lugar, poner consejeros en las escuelas que estarán disponibles para cualquier niño que necesite consejo respecto a su orientación sexual o un embarazo no deseado. Eliminar a fuerzas la libertad de los niños de orar y leer la Biblia durante su tiempo en la escuela. Mientras tanto, adoctrinarlos a desdeñar nociones “anticuadas” como el Creador y la verdad absoluta. Como alternativa, meter el Manifiesto Humanista en sus mentes susceptibles. Los siguientes son unos principios tomados del Manifiesto Humanista II, firmado en 1973 por muchos educadores y legisladores.

“Nosotros creemos… que las tradicionales religiones dogmáticas o autoritarias que ponen la revelación, Dios, ritual o credo encima de las necesidades y experiencias humanas hacen un perjuicio a la especie humana… Nosotros encontramos insuficiente evidencia para creer en la existencia de un sobrenatural…como no teístas, comenzamos con humanos, no con Dios, con la naturaleza, no con la deidad…Ninguna deidad nos salvará; tenemos que salvarnos a nosotros mismos”.

“Las promesas de la salvación inmortal o el temor a la condenación eterna son ilusorias y dañinas”.

“La ética es autónoma y situacional, y no necesita sanción teológica o ideológica… Nosotros luchamos por la buena vida aquí y ahora”.

“En el área de la sexualidad, creemos que actitudes intolerantes, muchas veces cultivadas por religiones ortodoxas e iglesias puritanas, reprimen indebidamente la conducta sexual. El derecho al control de la natalidad, el aborto y el divorcio deberían ser reconocidos… Las muchas variedades de exploración sexual en sí no deberían ser consideradas ‘malas’… Se debería permitir a los individuos expresar sus proclividades sexuales y perseguir sus estilos de vida como ellos deseen”.

“Para mejorar la libertad y dignidad el individuo debe experimentar una gama completa de libertades civiles en todas las sociedades. Esto incluye… un reconocimiento del derecho de una persona a morir con dignidad, a la eutanasia y el derecho al suicidio”.

En el año 2003, el manifiesto fue actualizado y acortado, omitiendo las ramificaciones de sus creencias mientras retienen la esencia de sus principios tales como la evolución y la ética situacional. Tú decide si esto no es exactamente lo que el sistema de la escuela pública ha tratado de grabar en las mentes de nuestros hijos.

Sería simplificar demasiado decir que Roberto Owen o John Dunphy han causado el actual sistema de la educación pública. Pero como dijo Brownson después: “El plan ha sido exitosamente perseguido, los puntos de vista que presentamos han ganado popularidad, y la acción entera del país en este tema ha tomado la dirección que buscábamos darle”. En el año 1963, la oración y la lectura de la Biblia se convirtieron en actividades ilegales en el sistema de la escuela pública. El cristianismo efectivamente ha sido removido de las escuelas. Los niños han sido adoctrinados por las masas; ya no creen que un Creador es científicamente factible, miran la verdad y moralidad como situacional, y disfrutan la libertad de elegir su propio género.

Pero, ¿la meta de Juan Dunphy ha cumplido realmente la promesa de un mundo en el cual el ideal Cristiano nunca realizado “ama a tu prójimo” finalmente se ha logrado? La violencia escolar está en su punto más alto. Entre los años 2010 y 2014, más de noventa tiroteos escolares conmocionaron a la nación. Eso es el doble de los que hubo los cuatro años anteriores, y seis veces más que a principios de los ‘80. En el año 2014, hubo alrededor de 486,400 persecuciones violentas en la escuela entre estudiantes de 12 a 18 años de edad. La intimidación (bullying) entre los niños, incluyendo el acoso cibernético, se ha convertido en un problema bien reconocido. Cada vez es más evidente que lo último que la mentalidad humanista ha podido transmitir es el amor al prójimo.

A nuestros hijos se les ha dicho vez tras vez que no necesitan a Dios. Que, de hecho, serán más liberados, más realizados, más educados si tan sólo desechan la Biblia y sus “anticuadas” ideas de Dios, pecado, cielo o infierno, y la necesidad de cada individuo de arrepentirse. Y ahora que los niños han sido exitosamente liberados del cristianismo, ¿no son felices? ¡Mil veces no! Los centros de control y prevención de enfermedades dicen que entre los años 2013 y 2015, ¡niños menores de 13 años cometieron suicidio a un ritmo igual a uno cada 3.4 días! ¡Los números están veintidós veces más altos en el grupo de edad de 13 a 18!

¡Es hora de despertar! ¡“Liberar” a los niños de una educación bíblica ha sido terrible! El humanismo ha demostrado ser falso y completamente decepcionante. Aunque profesan ser sabios, sus defensores se han demostrado ser necios.

Pero a medida que las filosofías y métodos del mundo se desmoronan, ¡la verdad eterna de Dios se mantiene más fuerte y brilla más que nunca! Los alumnos y graduados de las escuelas de la iglesia de Dios están en marcado contraste con los productos del sistema de la escuela pública. Lejos de verse obstaculizados por el “cadáver podrido del cristianismo”, sus rostros y testimonios brillantes cuentan una historia diferente.

Como maestra y madre de tres hijos inscritos en una escuela de la iglesia de Dios, yo puedo dar testimonio de la diferencia indescriptible de la escuela pública a la que asistí. Me ofrecieron drogas durante el recreo cuando era joven, pero nuestros alumnos comienzan su recreo con oración ferviente y unida. A veces podría temer que un alumno no esté alcanzando todo su potencial, pero nunca temo que un alumno saque un arma y aterrorice a la escuela. Los alumnos a veces necesitan consejo, pero en ningún momento necesito aconsejar a una niña que se enfrenta a la decisión de abortar. Mientras que las escuelas públicas se ven obligadas a enfrentar problemas como drogas, violencia escolar, acoso cibernético, suicidios y embarazos no deseados, esos problemas son completamente ajenos a nuestros alumnos.

A veces cuando encuentro a mis alumnos cantando un himno juntos en su tiempo libre, me quisiera pellizcar porque casi no puedo creer que yo sea tan bendecida de ver lo que veo y escuchar lo que escucho. A principios de este año, en una junta de la calle, nuestros estudiantes sostuvieron carteles que decían: “En mi escuela oramos, jugamos y obedecemos… ¡Yo creo que me voy a quedar!” Yo de todo corazón digo, “¡Oh, sí! ¡Yo también me quedaré!”

 

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