¡Nos necesitamos el uno al otro!

¡Nos necesitamos el uno al otro!

Elfie Tovstiga

La CREACIÓN DE DIOS tiene no pocos acontecimientos fenomenales que nos predican lecciones notables. Uno de estos ejemplos nos llega del campo de la biología, presentando dos peces en una fascinante relación mutua. Al final del día, el molusco oriental, el pez más grande de los dos, necesita un “cepillo de dientes” para remover el sarro  y otros residuos de sus dientes. Nadando a lo largo del arrecife de coral, se detiene en una cierta “estación de limpieza” desde la que salen rápidamente pequeños peces labridos con rayas azules para aceptar la invitación a cenar, entrando en la boca abierta o en las branquias del pez más grande. ¡Qué comida disfrutan mientras limpian los dientes de los moluscos orientales, que pacientemente mantienen su boca abierta para la limpieza y luego generosamente permiten que sus pequeños amigos azules salgan sin devorarlos! Así, ambas especies se benefician sorprendentemente entre sí al mantener esta relación mutua.

¿Asombroso? ¡Sin duda alguna! “La interdependencia es una ley fundamental de la naturaleza” (D. Lama). Sin embargo, ¡esta sorprendente relación interdependiente que Dios ha puesto instintivamente en Su creación inferior, palidece cuando se compara con las relaciones profundamente unidas y ampliamente abarcadoras que existen entre la humanidad! Lo diremos como es: ¡Nos necesitamos el uno al otro! ¡Obtenemos muchos beneficios de los demás! ¡Necesitamos la amistad y el compañerismo del otro! “No es bueno que el hombre esté solo”, dijo el Creador. La misma palabra, solo, suena como un gemido de dolor. Escuchamos el gemido de un corazón que anhela la cercanía y la unión humana. Las compras en línea no pueden proporcionar esto. El cajero automático que escupe el dinero satisface algunas necesidades, pero no ésta. Las pantallas frías de los televisores y las computadoras portátiles no son un remedio para la necesidad urgente de un cálido toque humano. La red mundial World Wide Web se ha convertido en una red atrapante, haciendo adicta a la gente a sus aparatos y engañosamente separándola de los contactos de la vida real que son tan esenciales y mucho más significativos. La población, pegada al teléfono celular, rara vez ha estado más solitaria. ¡La humanidad simplemente necesita a la humanidad! ¡Dios lo ordenó así!

Mira cómo un predicador de hace mucho tiempo usó ejemplos de las Escrituras para recalcar este principio ordenado por Dios: “Jesús tomando los panes, habiendo dado gracias, los repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban recostados” (Jn 6:11). Miles de hambrientos estaban sentados en este lugar de mucha hierba. Jesús pudiera haber realizado este milagro sin la ayuda de los cinco panes de cebada y los dos pececillos del muchacho. Según las palabras del mencionado predicador, pudiera haber “hecho llover maná en el desierto, y ahorrado a Sus discípulos el problema de tan tediosa distribución”. Puedo imaginarme cómo el pan habría caído suavemente en el regazo de todos. Pero aquí está la lección: Jesús quería que la gente ministrara a la gente. Luego está el incidente en el capítulo 11 de Juan: Cristo, por el poder divino, levantó a Lázaro de la muerte. Este mismo poder pudiera haber desatado los mantos de tumba que ataban al hombre que salía de la tumba. ¡La omnipotencia no tiene límites! Sin embargo, Jesús le dio al hombre la orden de “desatadle”. Las manos humanas debían extenderse a las necesidades humanas.

Nosotros, siendo una raza, una sangre y una comunidad global tenemos las mismas necesidades generales: Anhelamos el amor y la comprensión humana, deseamos la atención humana, y necesitamos relaciones mutuas. Hemos sentido que la actual imposición de distanciamiento social es antinatural y extraña. Por otro lado, ¡qué unificador y vigorizante es trabajar, orar, planificar, celebrar y comer juntos! Incluso Jesús dijo a Sus apóstoles, “¡Con cuánto anhelo he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! (Lucas 22:15). “Compartir la comida”, dice Victoria Pope, “siempre ha sido parte de la historia humana… ‘Partir el pan juntos’, una frase tan antigua como la Biblia, captura el poder de una comida para forjar relaciones, enterrar el enojo, provocar la risa…E incluso cuando los tiempos son difíciles, el deseo de celebrar permanece”. Piensa en la Primera Guerra Mundial, el 24 de diciembre de 1914, cuando las tropas enemigas se fusionaron misteriosamente, cantaron villancicos, se dieron la mano y se dieron comida y regalos. Eso fue genuinamente humano; el reinicio de la guerra unos días después no lo fue.

La creación está en crisis, herida por el pecado, la tragedia, la enfermedad, el miedo y un futuro ominoso. Debemos caminar de la mano, juntos, a través de este valle de lágrimas. “Mejores son dos que uno…porque si cayeren, el uno levantará a su compañero. Pero ¡ay del solo cuando cayere! Pues no habrá segundo que lo levante” (Ec 4:9-10). Somos “guarda de nuestro hermano” y es “un imperativo genético que nos acurruquemos muy juntos y nos aferremos unos a otros” (P. Adams). Si alguna vez ha existido la necesidad de “aferrarnos el uno al otro”, ¡es ahora!

Fuentes:

Explorando la creación con la biología (2ª edición Wile y Durnell)

“National Geographic” (Dic. 2014. “Comida” por Victoria Pope)

“La tregua de Navidad” por (Patricia Edmonds)

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