El gemido de la humanidad

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El gemido de la humanidad

Hna. Edel Neufeld

TODA LA HUMANIDAD EMITE un gemido colectivo. Pablo lo escuchó hace dos mil años. “Porque sabemos que toda la creación gime y está en dolores de parto hasta ahora”, escribió a los romanos. Albert Barnes comentó sobre las palabras de Pablo, “Todo está unido en una condición de tristeza. La expresión denota un dolor mutuo y universal. Es un amplio y fuerte lamento, en el que un mundo moribundo se une”.

Vemos esta angustia universal a nuestro alrededor. Aunque la familia humana ha sido dividida por el idioma, la religión o la cultura, estamos inseparablemente enlazados en nuestro sufrimiento común.

A lo largo de la historia, muchos se han levantado y han llegado a ser la voz de las multitudes en sufrimiento. El arte, los libros y las canciones se han convertido en medios para la verbalización de las injusticias, opresiones y explotaciones a las que varios pueblos han sido sometidos. La obra más famosa de Picasso, Guernica, fue pintada como una declaración política contra el bombardeo nazi durante la Guerra Civil Española. La autora de “Matar un ruiseñor” habló de la injusticia racial en su libro. Johnny Cash se vistió de negro en honor de los oprimidos y los pobres.

Hoy en día, los activistas abundan. Por cada injusticia, cada opresión o cualquier mal percibido, hay alguien dispuesto a denunciar y protestarlo. El número de causas por las que hay que luchar es casi tan variado como el número de activistas que luchan por cambios–corrupción en el gobierno, guerra, desigualdad de género, cambio climático, injusticia racial, injusticia en las prisiones, control de armas, aborto, sistemas educativos, problemas de salud y alimentación, derechos de los LGBTQ…y la lista continúa.

Las celebridades a menudo usan sus plataformas para luchar por diferentes causas. Kim Kardashian aboga por la reforma de la justicia penal. Regina King se esfuerza por la igualdad de género. Lebron James habla sobre la desigualdad racial. Lady Gaga lucha ferozmente por la comunidad LGBTQ. Beyonce aboga por Black Lives Matter (las vidas del pueblo negro importan).

Cualquiera que sea la causa, sus defensores luchan audazmente, apasionadamente. Cada activista es una reacción al gemido universal que se escucha en todo el mundo. Ellos han escuchado los gritos de los oprimidos, los maltratados, los que sufren. Y cada uno lucha por su causa, creyendo que puede aliviar el dolor del mundo con su valiente posición.

Pero mientras tanto, la verdadera causa del dolor de este mundo es olvidada–incluso negada.

Hubo un tiempo en que la humanidad no conocía el sufrimiento. Dios mismo estuvo en comunión con la humanidad. El Señor de los señores caminó con el hombre. Todo era paz; todo era alegría. Pero Adán y Eva desobedecieron. Su rebelión hacia Aquél que es el amor y la paz trajo una amarga separación entre la humanidad y nuestro Creador. Esa separación marca el comienzo de nuestro dolor. El gemido de la humanidad comenzó en el momento en que el pecado entró en nuestro mundo. Y sólo la erradicación del pecado puede aliviar nuestro dolor.

Es devastador ver a los mismos que tratan de traer la liberación a los que sufren estar atados por la misma causa de todo nuestro dolor. Johnny Cash, mientras intentaba aliviar el dolor de los abatidos, perpetuó la angustia de la humanidad por sus adicciones y pecados. Lo mismo se repite en todo el mundo. Mientras que muchos luchan apasionadamente para aliviar el dolor que nos rodea, ellos mismos están viviendo en una completa rebelión hacia su Creador. Ellos no se dan cuenta de que tal rebelión, en primer lugar, es la causa de las agonías del mundo. “Prometiéndoles libertad, siendo ellos mismos esclavos de corrupción”. 2 Pedro 2:19.

Lo que necesitamos no es más activismo. No nos faltan organizaciones que luchen por una causa. Este mundo desesperadamente necesita a Jesucristo. Él es la única cura para nuestro dolor, nuestra única esperanza, nuestra única ayuda. Por medio de Su muerte en la cruz y Su resurrección, ha ofrecido a la humanidad el poder de conquistar a nuestro peor enemigo–el pecado. Por medio de Él, tenemos el poder de vivir vidas victoriosas, santas e irreprensibles. Y cada uno que es lavado con la sangre, que está venciendo al pecado, disminuye enérgicamente el vigor del gemido de la humanidad.

El cambio duradero y eficaz no vendrá a través de más reuniones de la ONU, más campañas o más protestas. Incluso si todas las naciones se unieran en una lucha conjunta para acabar con el sufrimiento del mundo, no serviría de nada si la raíz del problema del pecado quedara sin ser conquistada.

¡Oh, por un despertamiento global a nuestra desesperada necesidad de Cristo! ¡Oh, por más hombres y mujeres santos que no temen luchar audazmente contra el pecado–todo el pecado! Sin importar nuestra cultura, nación o idioma, a todos nos une el dolor que entró a este mundo por medio del pecado. Y así, estamos unidos por nuestra necesidad universal del Salvador. Él llama amorosamente a todos, “Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Sólo cuando prestemos atención a Su llamado se aliviará el gemido de la humanidad.

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