El espíritu de irreverencia

Elfie Tovstiga

Our Christian Walk

¡Dios, quien creó todas las cosas, y por cuyo placer existen y fueron creadas, para siempre es digno de recibir la gloria y la honra y el poder (Ap 4:11)! Mas el hombre, la mera “corona de la creación de Dios”, ha perdido la vista de la destacada de su Creador; sus ojos no Le miran como lo hacía Isaías en la antigüedad, alto y elevado en Su trono. Sus oídos no oyen el clamor de los serafines, “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”. Sus labios no exclaman, “¡Ay de mí! porque estoy muerto”. Sus rodillas no se hincan ante Aquél que está sentado en el trono, y él no echa coronas de honor a los pies de su Creador. ¡Espiritualmente ciego, sordo, mudo y cojo, él ha sido afligido por una calamidad por la cual llamamos a responder al inmundo espíritu de irreverencia!

Es el espíritu de este tiempo y ha infectado todas las áreas de la vida, incluso los círculos familiares, las escuelas y las asambleas religiosas, dejando a este mundo en una condición horrible. Lamentamos la irreverencia de los niños y jóvenes de hoy en día, pero ¿quién está allí para enseñarles el temor de Dios? ¿Serán los caricaturistas o músicos de rap, las películas, el internet, los videojuegos? ¿O serán las madres o padres que casi nunca están en la casa? ¿O serán nuestros educadores modernos, quienes han echado por la ventana la Biblia y ahora envenenan mentes jóvenes con sus doctrinas pervertidas, sus principios impíos y sus inmorales estilos de vida? ¿O pudiéramos llamar a los ancianos para rectificar ese desorden terrible? Qué lástima que aún muchos de ellos han perdido su reverencia para Dios, despreciando Sus leyes mientras disfrutan de placeres pecaminosos y sensuales, tratando tan desesperadamente de estar de acuerdo con la tendencia moderna. Y, como un autor preguntó, “¿Cómo puede la juventud estar en orden si los mayores están fuera de orden?”

Bueno, ¿entonces debemos llamar al predicador moderno para que sea el modelo para seguir? No, tenemos que “descubrir su locura” también, porque ¿qué sabe el predicador bromista de la santidad impresionante de Dios o de su propia responsabilidad de vivir santo? Sabemos que las personas lo llaman “Reverendo”, pero ese título pertenece solamente a Dios, porque la Escritura declara, “Santo y temible [en inglés dice reverendo] es su nombre”. (Salmos 111:9). Además, ¡ese “artista que hace cosquillas en la oreja” es muy irreverente! ¡Y peligroso! Mientras se hace pasar por uno que conoce el camino al cielo, anima a las almas en sus sendas pecaminosas, guiándolas al infierno.

Finalmente, ¿pudieran los líderes de nuestro país ser el remedio para esa enfermedad? ¡Oh, qué lo fueran! ¡Oh, qué ellos sirvieran “a Dios agradándole con temor y reverencia” tanto en su oficina pública como en sus vidas privadas! Pero ay, no es así. ¡Qué grande es la pérdida del hombre, y qué grandes las consecuencias de su pérdida, cuando pierde su reverencia hacia su Creador!

Solamente hay una esperanza para esa pérdida: Es la iglesia de Dios, donde Dios está presente y real. ¿Alguna vez has tenido el privilegio de observar a santos en una sagrada convocación adorando en el Espíritu Santo? Te quedaste en admiración y temor, un temor mezclado con asombro, adoración y afecto para el Dios todopoderoso. Y así tiene que ser, porque “Dios terrible en la gran congregación de los santos, y formidable sobre todos cuantos están a su alrededor” (Salmos 89:7). En verdad, nosotros somos mandados a temblar “a la presencia del Señor” (Salmos 114:7). Ya que “es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios”, ¡queremos exhortar a la iglesia a ser la iglesia! “¡Porque el lugar donde estás, tierra santa es!” Venir al servicio sin estar movido, haciendo así parecer a Dios como perezoso, es irreverente; no acelerar tu alma hacia el cielo, midiéndote seriamente con la Palabra de Dios, es irreverente; susurrar y reírse durante el servicio, citar inapropiadamente una Escritura para ser chistoso, cambiar las palabras de un canto para provocar risa, hallar fallas en el mensaje o el mensajero–todos son hechos de irreverencia. ¿No temblarás? ¿No temerás insultar a Dios? ¿No tienes reverencia para la sangre de Cristo, derramada para comprar Su gloriosa iglesia? ¿No tienes reverencia por el valor de un alma que posiblemente ha sido obstaculizada de entrar al reino por tu irreverencia? ¿No te hace temblar el pensamiento de estar parado delante del gran trono blanco para dar cuenta por estos hechos?

¿Y cómo oramos? Padres, tomen en cuenta la postura de sus hijos mientras oran. ¿Deben los musulmanes enseñarnos a postrarnos sobre nuestros rostros? Estamos en peligro de perder el sentido de santidad cuando nos acercamos a Dios en oración o cuando leemos Su Palabra. ¿De qué manera tratamos físicamente el Libro de libros? ¿De qué manera decimos el nombre, el cual es mayor que cualquier otro nombre, el nombre por el cual debemos ser salvos? Se dice, cuando en tiempos antiguos las Escrituras fueron copiadas, los escribas pusieron nuevas plumas en sus instrumentos de escritura, se bañaron y cambiaron su ropa, porque ¡estaban a punto de escribir el Nombre! ¡Reverencia profunda! Es cuando perdemos esta reverencia de la santidad de Dios, que entramos a la zona peligrosa de familiaridad, como los hombres de Bet-semes cuando miraron dentro del arca de Jehová y fueron heridos (1 S 6).

El espíritu de irreverencia es el principio de reincidencia al pecado. Te inducirá a estimar ligeramente tu primogenitura espiritual y a venderte tan pronto como lo hizo Esaú, por nada más que un plato de guisado. Pero el hombre que en reverencia humilde “se inclina lo más bajo en la presencia de Dios, se mantiene más recto en la presencia del pecado”. Que nosotros seamos de ese tipo.

El espíritu de irreverencia atacará especialmente a nuestros niños y jóvenes en oposición a las enseñanzas bíblicas de reverenciar y honrar a sus padres. Les exhortamos, pues, de activamente resistir este espíritu de irreverencia, pues es un espíritu mundano, un espíritu mal agradecido, un espíritu respondón, un espíritu contradictorio, un espíritu burlón (ten cuidado de no burlarte secretamente en tus pensamientos; Dt 27:16), un espíritu que seguramente te llevará en una senda descendente. Tu madre y padre son de tus posesiones más preciosas aquí en la tierra. Estímalos en gran manera, y póstrate delante de ellos en tu espíritu, como José en la antigüedad, quien se postró con su rostro en el suelo ante su padre Jacob. Tú siempre debes mantener esta actitud de “Yo soy joven, y vosotros sois ancianos; por tanto, he tenido miedo, y he temido declararos mi opinión” (Job 32:6). El Señor también manda a la generación más jóvenes, “delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano” (Lv 19:32). Cuando una persona mayor entra al cuarto, levántate, mírala a la cara, salúdala respetuosamente y no sigas caminando sin reconocer su presencia. Reverencia te enseñará a hablar respetuosamente a todos. Desprecia la manera de hablar callejera como “¿qué onda, vato?, chicos, eso es genial, apuesto y guau.” También desprecia la postura casual, actitudes casuales y espíritus de ligereza y frivolidad.

Que la iglesia sea la iglesia. Oh, que una restauración de reverencia fluya a través de ella, entrando a sus hogares, sus escuelas, sus lugares de adoración y en todas las demás partes. El resultado: La reverencia abrirá sus ojos para ver a su Dios elevado sobre su trono. Abrirá sus oídos para oír los clamores de “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”. La reverencia abrirá sus labios para alabar y glorificar a Dios. Doblará sus rodillas para hincarse delante de Aquél que está sentado en el trono, y reverencia le hará echar sus coronas a Sus pies, ¡porque Él es digno!

“Sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia”. Hebreo 12:28.

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