Bagatelas transitorias

SAMUEL DAVIES (1723-1761)

 “No mirando nosotros a las cosas que se ven, sino a las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, mas las que no se ven son eternas”. 2 Corintios 4:18.

ENTRE TODAS LAS CAUSAS DE LA NECIA indiferencia de los pecadores acerca de la verdadera religión, y los débiles esfuerzos de los santos para mejorarla, no hay ni una más común ni más eficaz que el hecho de que no se forman una debida estimación de las cosas del tiempo, en comparación con las de la eternidad. Nuestros asuntos presentes ocupan todos nuestros pensamientos y agotan toda nuestra actividad, aunque no son más que tonterías transitorias, mientras que las realidades solemnes del mundo futuro están ocultas de nuestros ojos por el velo de la carne y las nubes de la ignorancia. Si estas realidades eternas e invisibles entraran a nuestras mentes en toda su tremenda importancia, aniquilarían las vanidades más deseadas del estado presente, oscurecerían el resplandor de toda la gloria terrenal, harían insípidos todos sus placeres y nos darían una noble resignación bajo todas sus penas.

Una visión comprensible de estas realidades eternas sorprendería a los mundanos en su irreflexiva carrera, quitaría la máscara del hipócrita y enardecería la devoción de los santos que languidecen. La preocupación de la humanidad sería entonces cómo podrían hacer una salida segura de este mundo, y no cómo pudieran vivir felices en su estado terrenal. El placer y el dolor presente serían tragados en la perspectiva de la eterna felicidad o la miseria en el futuro. La eternidad, la solemne eternidad sería entonces nuestra seria contemplación. ¡Los placeres del pecado nos golpearían con horror, ya que causan dolor eterno! ¡Y nuestras aflicciones presentes, por tediosas y severas que sean, parecerían ligeras y momentáneas si producen en nosotros un inmensurable y eterno peso de gloria!

¿Qué tonto es entonces, ser sobre todo gobernado por juguetes terrenales infantiles, mientras descuidamos los grandes y varoniles asuntos de la eternidad?

¿Necesito convencerte de la importancia superior de las cosas invisibles y eternas contra las cosas visibles y temporales? ¿Puede un ser racional tener dificultad de elegir, en un caso tan simple? ¿Puede ser que necesites algún argumento para convencerte de que una eternidad de felicidad más perfecta vale más que unos pocos años de placer sórdido y no satisfactorio? ¿Tienes algún escrúpulo restante de que si las pequeñas preocupaciones y las mortificaciones de una vida piadosa son más intolerables que el castigo eterno? ¡Oh! ¡Es un caso sencillo! ¿Por qué, entonces, el mundo encaprichado expone toda su preocupación por las cosas temporales y descuida los asuntos importantes de la eternidad?

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