¡NO me avergüenzo!

“Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando viniere en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles.” Lucas 9:26.

“Porque no me avergüenzo del evangelio de Cristo; porque es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.” Romanos 1:16a.

Vemos al enemigo de nuestras almas más audaz y más atrevido que nunca. Él está haciendo el pecado, la sensualidad y el mundo cada vez más accesibles a todo ojo. Vemos imágenes y hechos vergonzosos ostentados a casi cada paso. La inmodestia e inmoralidad que hubieran sorprendido a cualquier pecador nominal hace cien años, hoy en día se considera normal.

Hay muy poca o nada de vergüenza en la vestimenta, el habla y la moral de la generación actual. Esto no se limita sólo a los “incrédulos” o paganos, pero muchos en el mundo religioso también han ido precipitadamente a la degradación moral.

Las “iglesias” modernas de profesores religiosos están compuestas de miembros que lucen tatuajes, perforaciones, peinados locos de colores variados, minifaldas, shorts–tú nombra lo que quieras. “Raperos cristianos”, “rockeros cristianos”, “moteros cristianos” y predicadores homosexuales son todos parte de la tripulación.

Oh sí, puedes ser más conservador si así lo deseas, sólo asegúrate de no expresar tus opiniones anticuadas muy fuertemente ¡porque todos tienen el derecho de expresarse!

Muchos saben que su lugar de adoración ha venido al suelo, y que ciertas actividades carnales no deberían estar sucediendo. Lamentablemente, vemos que la hipocresía y flagrantes contradicciones de parte de profesores religiosos han hecho que los términos “cristiano” y “religión” parezcan ser temas de burla y broma.

¿Quién en este mundo moderno siquiera sabe que es posible vivir sobre sus pasiones y el orgullo propio? Otro Jesús, uno que no es de las Sagradas Escrituras, ha sido predicado–uno que no tiene poder para levantar y sacar del pecado y de la corrupción. Pero, ¿quién tiene el valor de levantarse como Juan el Bautista y declarar toda la verdad? ¿Acaso no hay una causa? ¿No hay un pueblo que seguirá el camino estrecho y angosto, sin importar lo que dice la sociedad o la opinión popular?

¡La respuesta es un sí clamoroso! Dios siempre tendrá un pueblo. Él tiene un pueblo que Le ama con todo su corazón y no tiene vergüenza de defender la justicia y santidad verdadera. Es un pueblo separado que ha salido de toda inmundicia y es recibido por Dios (2 Co 6:17). Es la santa iglesia de Dios, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16:18). Ella está compuesta de creyentes lavados en la sangre y nacidos de nuevo, de todas las naciones, tribus y lenguas. Ella todavía es fuerte a pesar de la persecución, la oposición y la calumnia. No se avergüenza de declarar la verdad entera, porque la verdad es su alegría y deleite.

Es seguro que al enemigo le gustaría hacer que los pocos que han elegido ir por el camino estrecho y angosto sean tímidos y demasiado temerosos de hacer o decir algo contra el maremoto de maldad que vemos. ¡Sin embargo, el verdadero pueblo de Dios nunca ha sido un pueblo cobarde ni débil! Ellos rehusan dar lugar al diablo en su habla, hechos, pasatiempos o vestimenta. ¡El pueblo de Dios no se avergonzará de vivir una vida pura y santa en medio de vicio y perversión moral!

No nos avergonzamos de que nuestros hijos aprenden a amar la Biblia y no los tontos personajes de caricaturas. No nos avergonzamos de que nuestros jóvenes (¡ni tampoco las personas mayores!) no salen con novios. Estamos sumamente gozosos de que nuestros jóvenes aman al Señor y no se rinden a las corrupciones de la carne pasando de una relación ilícita a la siguiente. Ellos se preocupan más por agradar al Señor e ir a los campos misioneros para ganar las almas perdidas para Cristo. No nos avergonzamos de no escuchar lo último en música, ni queremos saber de qué se trata la última película. ¡No somos aficionados al deporte! ¡Preferimos mucho más leer nuestras Biblias y alcanzar a Dios en oración ferviente! ¡Estamos encantados de que no tenemos ese anatema llamado la televisión provocando la corrupción moral en nuestros hogares! ¿Cómo pueden las personas que profesan estar destinadas al cielo sentarse y ver esos horribles programas llenos de carnalidad que idealizan a la adúltera, hacen que la violencia parezca ser algo emocionante y se ríen del fornicario y borracho? En los ojos de Dios esto sigue siendo pecado, y toda alma que encuentra placer en tal cosa será echada al lago de fuego (Ap 21:8).

La iglesia de Dios no se rendirá, ni eludirá hablar la verdad completa de la Palabra de Dios, aun si esto significa que un miembro rico se vaya y ya no ponga su dinero en la caja de ofrendas. Muchas personas están más preocupadas de no ofender a ciertos miembros prominentes que ofender a un Dios justo y santo que no acepta un segundo lugar, ni habita en un lugar impuro y profano.

Estimado lector, si estás cansado de religión muerta e hipocresía, te invitamos a que vengas y veas lo que Dios está haciendo entre Su pueblo verdadero.

Amamos a todas las almas, y nos pesa el corazón ver el descenso que nos rodea. El deseo de Cristo es que todas las almas vengan al arrepentimiento y a la salvación verdadera. Él no hace acepción de personas. Estamos conscientes de que muchas almas preciosas nunca han estado en contacto con un creyente verdaderamente nacido de nuevo y lleno de Cristo. La religión falsa ha hecho mucho para engañar y cegar a las almas.

El verdadero cristianismo–vivir como enseña la Biblia–es la vida más bella y noble que se puede vivir. No es ni aburrido ni decepcionante. ¡No es nada de qué avergonzarse! Eclipsa cualquier realeza terrenal y posición de poder, honor o fama terrenal. Llenará el alma de alegría y satisfacción duradera lo cual este mundo no puede ofrecer.

¡Pues, como hijos de Dios, proclamemos con nuestras vidas lo que significa ser cristianos verdaderos que viven santa y radicalmente para Dios diariamente! No nos damos cuenta a veces de lo que nuestra vida y ejemplo pueden lograr.

Los días de simplemente “ir a la iglesia” y vivir una vida egoísta e hipócrita se acabaron para siempre para el verdadero hijo de Dios, cuyo destino es el cielo. Dios nos llama a vivir una vida más elevada y noble que eso, y dará la gracia y la fuerza para poder cumplir con todo lo que Él requiere de nosotros. Sigamos adelante con valor y determinación para glorificar al Señor en todo lo que hacemos.

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